Cada uno a su manera, especial.
Con cada manía, cada costumbre, cada decisión que ha forjado su destino.
Con cada problema, cada preocupación, cada lágrima que ha ido guiando su camino.
Ves pasar a personas, perder momentos. Te preguntas el porqué del vaivén de la gente, del porque “fueron” cuando, en realidad, siempre serán.
No te das cuenta del pedazo que permanece de esa persona que estuvo, de la que pasó a tu lado rozándote el alma o de la que, simplemente, estuvo una vida, aunque resultaran ser segundos.
Conocer el porqué, el motivo de la llegada y, más aún, de la despedida.
Estar en paz, sabiendo que nunca volverás a ser todo lo que ahora eres y que, si eres, es por todo lo que fuiste.






