lunes, 22 de julio de 2019

La diferencia.

Cada uno a su manera, especial.
Con cada manía, cada costumbre, cada decisión que ha forjado su destino.
Con cada problema, cada preocupación, cada lágrima que ha ido guiando su camino.
Ves pasar a personas, perder momentos. Te preguntas el porqué del vaivén de la gente, del porque “fueron” cuando, en realidad, siempre serán. 
No te das cuenta del pedazo que permanece de esa persona que estuvo, de la que pasó a tu lado rozándote el alma o de la que, simplemente, estuvo una vida, aunque resultaran ser segundos. 
Conocer el porqué, el motivo de la llegada y, más aún, de la despedida. 
Estar en paz, sabiendo que nunca volverás a ser todo lo que ahora eres y que, si eres, es por todo lo que fuiste. 

sábado, 20 de julio de 2019

Again.

Pararse.
Bajarse de la noria de la rutina para darle una nueva vuelta a tu vida. Un nuevo enfoque a eso que tienes tan interiorizado que parece parte de tu ser.
Nuevos aires, nuevas costas, nuevas vidas que, al cerrar los ojos, te aproximan a aquello que tanto miedo te da: tu día a día, tu rutina.
Buscar el cambio, la vía de escape que te permita escapar de la avalancha de pensamientos que te invade cuando estás saturado, cuando el siguiente paso es directo al abismo.
Tu salida, tú refugio en la tormenta o tu cielo estrellado en medio de un estresante día... porque todos lo necesitamos: un parón en pleno vuelo.

miércoles, 17 de julio de 2019

La estela. El rastro.

Chocar, embestir, retroceder... dejar espuma, dejar huella.
Coger fuerza, impulso, hacerse grande y volver al ataque.
¿El objetivo? Perdurar, dejar rastro, una estela a tu paso.
Aprender, superarse, saber dónde estás y la posición que ocupas.
¿Estás cómodo?
Nunca es tarde: Coger un nuevo impulso y volver a la batalla. Un nuevo golpe pero, esta vez, con mayor determinación; como esa ola que, al chocar, salpica a su alrededor pero, sin embargo, se vuelve a armar de valor con un único propósito: moldear la roca, moldear la vida. 
Hacerte paso ante las adversidades, ser grande a tu manera, con tus carencias y con tus virtudes, sin que ninguna opinión determine tu ascenso por que si estás ahí nadie puede detenerte o ¿acaso se puede parar la constancia de la marea?


lunes, 15 de julio de 2019

Irónico que para encontrarse haya primero que perderse un centenar de ocasiones, plantearse el porqué de tu existencia, tu papel en este gran juego que suelen llamar "vida".
Tú, ¿estás seguro de querer estar donde estás?
Yo necesito pararme. Cerrar los ojos, notar el aire en la cara mientras oigo el afán de la marea en hacerse paso a través de la dura roca, sin importarle cuántas veces tiene que intentarlo.
Yo necesito respirar mientras miro cómo las pequeñas gotas de agua salpican en la lejanía y se evaporan en el aire, habiendo cumplido su función: formar parte de algo mayor.
A veces hace falta parar, reiniciar, para volver a coger el impulso que se ha ido perdiendo, sin que ello signifique debilidad o vulnerabilidad, simplemente una bonita forma de corroborar que estás justo donde tienes que estar, haciendo lo que tienes que hacer y, si no es así, siempre hay tiempo de retroceder para coger el impulso necesario para sobrepasar cualquier obstáculo, por que recuerda que no hay mayor barrera que la que crea tu mente. 

Cerraste los ojos y empezaste a volar. Te elevabas ligera pero incesantemente hasta que alcanzaste la altura que imaginabas: rozabas el cielo. Planeabas sobre un aire plagado de ilusiones, de sueños sustentados por emociones.
Todo era perfecto. Un mundo por descubrir, pero esta vez, desde las alturas; siendo partícipe solamente de aquello a lo que ponías especial atención sin que nada obstruyera tu visión, ningún impedimento. 
Empezaste a formar una nueva vida con aquellas cosas que considerabas importantes, sin darte cuenta que eres el resultado también de tus derrotas, de lo que fue inevitable, de tu sufrimiento.
Volaste tan lejos que, al abrir los ojos, te sentías un extranjero.

Y, entonces, todo cambia.

Se activa en tu interior el botón de la indiferencia para encender la felicidad. Empiezas a darte cuenta de lo tranquilo que se está cuando se está bien, en armonía... cuando tú corazón late a la par que tú sonrisa, cuando tus suspiros son para coger fuerza y seguir riendo, dejando a un lado los remordimientos.
Querías estar en un lugar totalmente diferente, haber parado el tiempo a las 23:12, justo cuando todo empezó, pero ahora te das cuenta que ansiar el pasado es anhelar el presente.
Que bien te ves cuando estás feliz y es que ahí está la clave: querer conseguirlo, sin preguntas, sin intermediarios, de una forma incesante, porque al final del camino te darás cuenta que la felicidad es aquello que mueve mundos y une almas, que mata por su ausencia o brilla con su presencia. Tu felicidad, al fin y al cabo, eres tú mismo.

La razón.

Tenía tatuada el alma con una historia. Una historia que empezó como cualquier sueño juvenil. La perfección. El agua que recorre plácidamente el barranco deseando llegar a su desembocadura: la vida. 
Un comienzo especial para una persona especial. 
Pero no era eso lo que guardado en su corazón permanecía, sino la tormenta que precedía al remanso, tenía tatuado cada tropiezo, cada zigzag que la historia le deparó, cada bucle y cada confusión; estaba marcado.

Sin olvidar el final, el destino. 
Sin olvidar que es el pasado.
Sin olvidar que tiene la vista en el futuro, en el infinito.
Y todo vuelve al inicio. Estás justo donde pensabas que jamás volverías, ese punto donde tú mismo eres introducción, cuerpo y desenlace. 
A pesar de tus esfuerzos aquí estás y es que, ¿Para que luchar en contra de tu destino? ¿Para que ir en contra del oleaje? 
Porque nos empeñamos en forzar el tiempo, en estirar el hilo hasta que se hace invisible, en intentar reparar con tiritas lo que se quebró a cuchilladas, sin darnos cuenta de que en medio de tanta ida y venida se va dejando la esencia, la felicidad se resquebraja y se va dejando atrás como migas de pan, esperando que alguien las recate, las una y te las dé de una sola pieza.
Y hay que tener claro que en ocasiones todo cambia. Cualquier comienzo por idílico que parezca, por el simple hecho de comenzar, está sujeto a variabilidad, a cambio, a, con el tiempo, no volver a ser jamás lo que un día fue; y, ante esta realidad, has de establecer tu límite, porque, tú, ¿hasta dnd estás dispuesto a esperar para volver a empezar?

El cambio.

Me invade la tranquilidad justo cuando pongo la música y cierro los ojos. Justo en ese momento mi corazón manda sobre mis dedos, guiando a mi alma para que hable de la única forma que sabe y lo más sinceramente posible.
Todo cambia. Todo se vuelve inestable en cuestión de segundos, es inevitable: jamás podrás remediar esa situación en dos momentos que distan en el tiempo. Por mucho que lo desees todo está en movimiento... haciendo que eso que te parecía de lo más seguro ya no lo sea, cuando crees conocer la orilla una nueva ola altera tu teoría.
La cuestión de vivir es acostumbrarse al cambio. No cobra sentido hacerse contrario al movimiento sino bailar con el, afrontar la realidad y, por duro que pueda resultar, aceptarlo.
De ti depende darle color a tu vida, velocidad a tu cambio o ternura a lo poco que permanece estable pero, recuerda, ¿tiene sentido que, en el cambio, algo permanezca?.

Tan fuerte, tan única... tan tú.

De una manera incesante, de forma independiente al día anterior, sin importar el como o el donde, sigue ahí. 
Día a día y, porque no, noche tras noche, sigue con la misma fuerza de siempre sin que nada la oxide o debilite, como si ese fuera su único fin.
Y si, en ocasiones parece estar agotada, cansada de todo lo que representa, como si la fuerza que le caracteriza se hubiera esfumado, marchitado, y todo en un suspiro... pero ahora se que ser grande implica momentos de debilidad, vulnerabilidad, en los que solo deseas un momento de tranquilidad, un infinito que se torne realidad. 
Momentos en los que parece no estar o en los que la obviamos por su "desinteresado interés" pero que, al contrario de lo que creemos, sigue ahí... en su sitio, como si nada hubiera cambiado, pero sabemos que en el fondo todo es diferente, porque por mucho que queramos no hay dos olas iguales.
Ponerse los zapatos del querer para atarse al destino, un tanto paradójico, pero así es como funciona la esperanza.

"Trabajo en equipo".

¿Y quién sabe como funciona el corazón? Como funciona eso de los sentimientos...
¿Los podríamos definir como sensaciones basadas en emociones o, mejor, como un nada que resulta ser todo?
¿Como funciona eso de querer? ¿Se puede querer a ratos? ¿Y querer a medias? Tal vez se pueda querer por arrebatos...
Nada claro, todo alterado, pero se que mal querer es un querer abandonado. 
¿Y los tiempos? ¿Quien es el dueño de todas las manecillas? ¿El genio encerrado en cada reloj de arena? ¿El verdugo que decide ralentizar el tiempo para todos los corazones heridos o el mago que hace saltar las horas entre dos enamorados? 
Ahora entiendo lo que pasa cuando no pasa nada, cuando el vacío es el dueño de tu alma y tus noches se vuelven claras, llenas de esperanzas.

Una nueva vuelta.

A veces todo da un giro inesperado, toda la seguridad que tenias se tambalea por una fuerte brisa, por una ola en un mar con calma.
A veces la última vuelta de la tuerca, por paradójico que sea, es la que afloja toda tu persona, la que te descompone en mil pedazos deshaciendo todo tu ser.
¿Y esa confianza en ti mismo donde esta ahora que te das cuenta de que todo era mentira?
¿Y las ganas de avanzar?
¿Todas las situaciones que te imaginabas mientras cerrabas los ojos en tus noches de insomnio?
Todo convertido en nada por un nueva vuelta de la vida, caprichosa y a veces tediosa, agradecida pero odiosa cuando estas donde no deberías estar.
Pensar en todo lo que has caminado... ¿quieres volver a empezar?

Aire que asfixia.

Muchas veces la pregunta es: ¿por qué seguir con algo que está condenado al fracaso? ¿Será por la adrenalina de lo prohibido o, mejor, por el querer lo imposible?
Mirar el reloj, ver pasar las manecillas... vas ganando minutos, perdiendo momentos. Deseas parpadear y que todo quede congelado, poder jugar con el tiempo a tu antojo, repetir besos, mismas conversaciones diferentes repercusiones, los medios para un diferente fin.
Sabes que la predisposición al caos es lo que les une, ese desorden común que les vuelve locos; la capacidad de congelar momentos; esos abrazos con poder taquicardizante, miradas inolvidables...
Todo es perfecto en lo imperfecto, tal vez porque sabes que esa imperfección es el aire que deseas respirar, aunque esté destinado a agotarse... 
Desear el aire que te llevará al caos... 
Paradójico, ¿no?

Tu momento.

Suena la alarma... Nos levantamos con prisa. 
Andamos, vivimos deprisa.
Perdonamos y nos equivocamos a toda velocidad; olvidamos todas las veces que compartimos sonrisas... Nos apresuramos en seguir adelante creyendo es el momento, sin importar cual sea la imagen en tu retina al cerrar los ojos.
Olvidemos cuando sea el momento de olvidar... y sabrás que ha llegado el momento cuando tu cuerpo se desplome sobre tu mente; cuando al cerrar los ojos notes la tranquilidad de lo tranquilo; cuando desees mas el mañana que el ayer. 
Sabrás que ha llegado tu momento cuando tus lágrimas sean secas; cuando tu alma este destrozada y cuando hayas reafirmado que tu felicidad depende de ti mismo.

No hagas correr el tiempo, vívelo.
No huyas de tus sentimientos, afróntalos.
No temas al sufrimiento, hazte fuerte con el.
Cerré los ojos, lo hice tan fuerte como creí que podía, note caer el agua en la cabeza, la noté fluir por mi cara, por todo mi cuerpo.
En un principio intenté pensar que todo era una pesadilla, que acabaría despertándome y seguiría todo en su lugar, el rey al lado de la reina, viendo todo desde la sombra que le proporcionan los peones... pero poco tardé en darme cuenta que no, que la partida había acabado, que por muy fuerte que cerrara los ojos eso no volvería a pasar, que la sombra se convirtió en penumbra.
Fue entonces cuando me centré en poner todas mis fuerzas en lo que realmente importaba, en el fluir de las gotas más que el del agua, en el día a día más que en los años, el paso a paso más que en el destino; me centré en mi interior y aunque en un principio noté que llovía, que había una gran tormenta en mi corazón, sabía que detrás de eso el amanecer me esperaba; un nuevo día, el suspiro, la paz después de la tormenta; supe que el tiempo me dio sabiduría y la sabiduría me guió por el camino correcto, que los cambios, pese a ser inevitables, no siempre son a peor y que cuando cambias de corazón el cambio siempre será a mejor.

Donde todo empieza.

Te levantas orgulloso por lo que conseguiste ayer, caminas incesante hacia lo que el día a día te suele deparar. 
Te sientes cómodo en tu comodidad.
Te acostumbras a tu día a día, a tus minutos de gloria, a tus horas de tranquilidad... Dices odiar la monotonía pero no te das cuenta que amas la tuya, con sus carencias y sus pequeñas virtudes, solo porque es tuya, solo porque la compartes con los tuyos.
Pero... ¿que pasa cuando falta una pequeña pieza de todo tu puzzle? ¿Cuando todo se desmorona, cuando te levantas un día y nadas inmerso en un mar de dudas, de despropósitos? 
Los caminos sin caminar, nubes por mirar, los besos que quedan por echar a volar, miedos por vencer, curiosidades que matar, cuerpos que abrazar, una vida que vivir, ¿te vas a quedar ahí? 
Vales mucho más que un día a día, solamente un punto de inflexión.

¿En qué se basa la felicidad?

La felicidad... Ese fin común a todo propósito humano, ese estado ultimo al que todos queremos llegar pero, en muchísimas ocasiones, dista mucho de la realidad en la que vivimos. 
Ese sentimiento tan gratificante que recorre todo tu cuerpo y eriza tu piel, sensación efímera y contradictora con el sentimiento que te persigue al notar su ausencia y anhelar esos momentos en los que reías.
Muchos pensarán haberla encontrado en el bienestar de lo conocido o la tranquilidad de lo seguro... Iluso si piensa que eso es felicidad; porque para mí, felicidad, es despertar y darte cuenta de lo grande que eres, aún si no alcanzas lo alto del estante; para mi felicidad es levantarte con una sonrisa, a pesar de lo malo que haya podido ser el ayer; para mi felicidad es crecer día a día, tomarse los errores como la lección mejor aprendida, conocerTE momento a momento, más aún en situaciones totalmente nuevas; para mí, felicidad es acabar el día rodeado de la gente que te aprecia y quiere, abrazado a alguien o a la nada mientras te haga sonreír cada mañana; porque, para mi, la felicidad no es algo material ni mucho menos, sino algo que hemos de descubrir, camino inescrutable en un principio pero cuanto menos apasionante y, tranquilo, no tengas prisa, cuando la encuentres lo sabrás... porque te golpeará tan fuerte que te dejara estupefacto. 

Sólo de ti depende mantenerla viva. 
Sólo de ti depende conservarla.
Sólo de ti depende encontrarla.
¿Y que pasa cuando esa brisa gratificante se convierte en abrumadora?
¿Y cuando se vuelve incesantemente destructiva la marea?
Pasa que el sol se acaba poniendo por el mismo lugar, que el pájaro sigue volando aunque el viento esté en su contra;
Que el día sigue siendo día y la noche, noche;
Y que, al final, todo sigue igual…

¿Y que pasa cuando la tranquilidad se convierte en tormenta?
¿Y cuando el dia se oscurece?
Pasa que el más pequeño insecto crece;
Que lo que parece un obstáculo ha de servirle para hacerse más fuerte;
Y que, al final, todo sigue igual…

¿Y que pasa cuando la vida te sorprende con un nuevo búcle?
¿Y cuando lo que parecía pasado es más presente que nunca?
Pasa que has de recorrer, de nuevo, todo el camino andado;
Que lo vivido te haga tomar un camino alternativo;
Para que, al final, todo sea diferente...

Km 0

Y abrí los ojos para, a mi sorpresa, volver a encontrarme delante de la misma pared, del mismo muro levantando en un terreno escarpado, quebrado por el tiempo y el abandono pero que mantiene incesante su función: separar... por básico que parezca o por imposible que resulte separar dos almas o atar un sentimiento, el obstáculo sigue ahí... interponiéndose entre mi querer y mi sentir, entre mi voz y mi corazón; separándome día a día en mil pequeños trozos, haciendo añicos de una forma insaciable lo que un día construí en mi interior.
Simple, solo es una pared... Una pared que simboliza el pasado pero... ¿Quién es capaz de abrir una puerta y remover todo? aunque valiera la pena...
Es por esto que a veces y solo a veces es mejor mirar atrás solo para aprender cada uno de los rincones, de las grietas y baches, para, una vez lo hayas hecho, dar la vuelta... Porque jamás sabrás si de verdad se escondía algo detrás del muro o, por el contrario, solo eran suposiciones fundadas en el deseo de lo imposible...


La diferencia.

Cada uno a su manera, especial. Con cada manía, cada costumbre, cada decisión que ha forjado su destino. Con cada problema, cada preocu...