lunes, 15 de julio de 2019

Cerraste los ojos y empezaste a volar. Te elevabas ligera pero incesantemente hasta que alcanzaste la altura que imaginabas: rozabas el cielo. Planeabas sobre un aire plagado de ilusiones, de sueños sustentados por emociones.
Todo era perfecto. Un mundo por descubrir, pero esta vez, desde las alturas; siendo partícipe solamente de aquello a lo que ponías especial atención sin que nada obstruyera tu visión, ningún impedimento. 
Empezaste a formar una nueva vida con aquellas cosas que considerabas importantes, sin darte cuenta que eres el resultado también de tus derrotas, de lo que fue inevitable, de tu sufrimiento.
Volaste tan lejos que, al abrir los ojos, te sentías un extranjero.

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