Chocar, embestir, retroceder... dejar espuma, dejar huella.
Coger fuerza, impulso, hacerse grande y volver al ataque.
¿El objetivo? Perdurar, dejar rastro, una estela a tu paso.
Aprender, superarse, saber dónde estás y la posición que ocupas.
¿Estás cómodo?
Nunca es tarde: Coger un nuevo impulso y volver a la batalla. Un nuevo golpe pero, esta vez, con mayor determinación; como esa ola que, al chocar, salpica a su alrededor pero, sin embargo, se vuelve a armar de valor con un único propósito: moldear la roca, moldear la vida.
Hacerte paso ante las adversidades, ser grande a tu manera, con tus carencias y con tus virtudes, sin que ninguna opinión determine tu ascenso por que si estás ahí nadie puede detenerte o ¿acaso se puede parar la constancia de la marea?

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