lunes, 15 de julio de 2019

Cerré los ojos, lo hice tan fuerte como creí que podía, note caer el agua en la cabeza, la noté fluir por mi cara, por todo mi cuerpo.
En un principio intenté pensar que todo era una pesadilla, que acabaría despertándome y seguiría todo en su lugar, el rey al lado de la reina, viendo todo desde la sombra que le proporcionan los peones... pero poco tardé en darme cuenta que no, que la partida había acabado, que por muy fuerte que cerrara los ojos eso no volvería a pasar, que la sombra se convirtió en penumbra.
Fue entonces cuando me centré en poner todas mis fuerzas en lo que realmente importaba, en el fluir de las gotas más que el del agua, en el día a día más que en los años, el paso a paso más que en el destino; me centré en mi interior y aunque en un principio noté que llovía, que había una gran tormenta en mi corazón, sabía que detrás de eso el amanecer me esperaba; un nuevo día, el suspiro, la paz después de la tormenta; supe que el tiempo me dio sabiduría y la sabiduría me guió por el camino correcto, que los cambios, pese a ser inevitables, no siempre son a peor y que cuando cambias de corazón el cambio siempre será a mejor.

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